Días solitarios
que no depresivos pero sí melancólicos. Viendo a través de películas, fotos y
recuerdos como se pasa la vida.
Momentos de
mirarse a sí mismos sin más espejos que los ecos que resuenan en nuestras
cabezas.
Quiero disfrutar
viendo los días caer pero al mismo tiempo no quiero que se caigan sin haber
hecho mucho ruido.
El amor nos
maniata y al mismo tiempo nos da la fuerza para seguir. ¿Hacia dónde? pues
nadie lo sabe hasta que camina.
Hay paseos cortos
que duran un suspiro. Como esos días absurdos en los que tienes que volver a
casa porque llueve a cántaros y en vez de paragüas llevas chanclas puestas, y
eso que creías que iba a hacer un día maravilloso.
Hay paseos que se
convierten en carreras. En los que te vistes de runner y luchas codo con codo
con cada minuto del reloj, deseando a partes iguales correr un poquito más y parar
ya de una vez de correr.
Otros paseos
forman rutinas que dan aire fresco al día, como esas vecinas que quedan bien
temprano para ir a caminar de 8 a 9 haga el tiempo que haga.
Podríamos seguir
paseando y describiendo diferentes formas de caminar, y probablemente con todas
ellas en algún momento determinado de nuestra vida nos viéramos reflejados.
Porque la vida
son matices, es agua que fluye. Nuestra esencia nunca la perdemos pero nosotros
cada día cambiamos, al igual que el mundo sigue girando y apenas lo percibimos
hasta que algo sucede y nos hace ver por ejemplo que ya es verano o que ya es
invierno.
Nos pasamos gran
parte de nuestro tiempo luchando, a veces sin saber muy bien contra qué o
contra quién. De hecho como en la mayoría de las ocasiones no lo tenemos claro
acabamos luchando contra nosotros mismos.
Siempre que llego
a este punto me encuentro en la mítica encrucijada de si o bien tirar por el
camino del optimismo despertando de mi lucha y cogiendo cada oportunidad que me
da la vida o bien tirar por la vía del pesimismo y optar por caminar hacia la
depresión de que lo bueno es efímero.
Como ves mientras
se escribe y se piensa en lo escrito también se sigue avanzando, parece que
nada en ningún momento se puede detener.
Sin embargo,
pocas veces caemos en la cuenta de apretar el botón mágico, el cual nos hace
disfrutar recordando cosas, nos detiene en un momento que sabemos que nos gusta
y lo saboreamos, ese botón nos hace pensar en lo que está por venir creando,
porque no, castillos en el aire.
¡Ay, qué vida
ésta que nadie nos enseñó a vivir porque solo cada uno de nosotros la podía
descubrir!
¿Cómo serán
nuestros paseos? ¿Qué caminos tomaremos en las encrucijadas que nos
encontremos?
Tengan suerte con
su viaje, abróchense bien los cinturones y disfruten de lo que está por venir.