domingo, 7 de mayo de 2017

SOMOS LO QUE NOS QUEDA DE TIEMPO


Reír, follar, acariciar,recordar, respirar con los ojos cerrados, comer jamón, ver fotos, llorar...
Son tantas las cosas que se podrían hacer en una hora de vida que da vértigo el solo pensarlas si tuviéramos que decidir que hacer si solo nos quedara una hora.

Aunque curiosamente la lista sería igual de larga si pensáramos en aquellas cosas que no haríamos en esos 60 minutos.

Nuestra vida es la que es, y casi agradezco que no sea una suma de horas finales de vida porque sino creo que yo mismo me mataría antes de tiempo por no pensar continuamente en algo increíble para cada mi supuesto último momento de vida.

En fin, este juego es un enredo y más si pensamos en los chicos tan decididos que somos.
Creo que si estuviéramos juntos en esa última hora perderíamos media solo en decidir si sería mejor hacerlo antes o después de ver un minicapítulo de Serena. O si sería mejor quedarnos en casa o ir con la bici a cualquier rincón pucelano.


Pero bueno tonterías a parte si solo me quedara una hora, lo primero que haría sería volverme creyente para rezar con todas mis fuerzas para que ese último tiempo pudiera ser compartido.

Como soy egoísta creo que de mi familia me despediría rápido, a todos les diría bien alto que les quiero, ya que cuando nos vemos perdidos es cuando menos vergüenza sentimos.
Todo esto lo diría con unas croquetas de la Merce en la boca y al mismo tiempo que regañaría a mi sobri por creer que este niño se nos está yendo de las manos.

Después me dedicaría a disfrutar de ti y de mí.
Buscaría una cueva del tiempo en la que sintiéramos que solo estamos nosotros y prepararía un par de gins para beber mientras charlamos de lo que hemos vivido estos años.

Sobre todo, te intentaría hacer reír, imitaría a Rose (la vieja del Titanic), te recordaría a la azafata de Salou que convirtió sus tacones en manoletinas y como no pondría musicota de la buena para marcarnos un par de salseos (quisieras o no).

Cuando estuviéramos bien pegaditos podría ser buen momento para llevarnos con nosotros el sabor de nuestros besos, el tacto de nuestras caricias.
Pasaríamos a escuchar música más tranquila y entonces te masajearía hasta que mis manos se confundieran con tu sexo y entonces comenzaríamos un juego diferente en el que las palabras darían paso a los deseos más ardientes.

El tiempo estaría llegando al final y todo se acabaría desvaneciendo bajo una ducha de agua caliente.

Esto querida Martis es lo que yo creo que haría. También sé que solo son suposiciones tontas pero a veces es bueno imaginarnos lo imposible para hacer mejor nuestra realidad.
Y más sabiendo que dicha realidad no dura una hora sino miles de ellas en las que poder literalmente hacer lo que nos de la gana.

Por eso, pequeño pajarín no olvides nunca que somos lo que nos queda de tiempo.