miércoles, 4 de mayo de 2016

¿QUÉ SIGNIFICA ECHAR DE MENOS?

Desde que te conozco me has enseñado muchísimas cosas que ni tú misma imaginarías.

Contigo he descubierto una nueva forma de amar, no sé si mejor o peor, pero si diferente en la que la intensidad de cada momento lo marca todo.

He aprendido a saber esperar, y mientras tanto en la espera he aprovechado para conocerme más a mí mismo, lo cual a veces me ha producido más de un mareo.

Nuestros momentos juntos me han servido para olvidar de un plumazo cualquier aspecto negativo que haya sucedido a nuestro alrededor. Nunca me cansaré de decir, que tienes algo mágico que realmente me encanta, al menos conmigo tienes un don que es increíble, y es que simplemente con estar físicamente juntos consigues borrar o minimizar aquellos pequeños o grandes quebraderos que todos de algún modo tenemos en nuestra cabecita.

Curiosamente compartiendo cualquier experiencia contigo me siento más vivo que realizando cualquier otra cosa.

Sin embargo, el mundo está lleno de contrastes, y para que exista el blanco es necesario que también exista el negro.

En mi caso, el negro lo podría resumir en una frase "Te echo de menos", y es que cuando te he sentido lejos, me ha invadido una necesidad angustiosa de tenerte cerca. En el fondo echar de menos es extrañar a alguien, sentir su ausencia como un vacío casi imposible de rellenar.

Sé que quizás lo que vaya a escribir a continuación ahora no tenga sentido, ya que lo escribí en una situación bien distinta a la de hora. Aunque he decidido compartirlo contigo para valorar aún con más fuerza lo que es tenerte cerca y para no relajarme simplemente viendo pasar los días.

(6 de abril de 2016, tocando fondo para coger impulso)

"Te echo de menos.

Mi día es una agónica lucha, desde que abro los ojos hasta que los cierro, por superar un recuerdo que mi corazón no quiere superar.

Me levanto y lo primero que hago es mirar al techo intentando rescatar cualquiera de los sueños en el que tú has aparecido. Unos días sueño que somos protagonistas de un cuento, otros que estas con otra persona y los peores días sueño que somos desconocidos.

Me giro y lo siguiente que hago es mirar mi móvil, esperando encontrar ese mítico logo del WhatsApp en el que pone tu nombre. Sin duda, es un ritual con el que te doy los buenos días, y con el que durante al menos un par de segundos un increíble nerviosismo recorre mi cuerpo, el cual se pasa al ver que como el resto de días sigo sin tener noticias tuyas.

El siguiente momento en el que te vuelvo a encontrar es cuando subo al coche y miro la hora que es. Sé que tú también estás haciendo lo mismo y eso me reconforta. En ese instante siempre se me pasa por la cabeza llamarte y compartir de nuevo el viaje con el famoso "Buenos días Martisss". Aunque nunca lo hago.

Entro en el colegio y curiosamente respiro porque sé que estaré tan ocupado que únicamente miraré el móvil unos segundos durante el recreo.

Termino el día y es cuando viene lo que llamo la ilusión física, un "Y si estuviera esperándome" se apodera de mí. Salgo del cole algo cabizbajo, aunque con mi mente alerta pensando que quizás me estés esperando a la salida del trabajo. Es curioso pero no sé porque lo echo de menos, y eso que nunca me ha pasado pero bueno supongo que cuando deseas realmente algo llegas a ver oasis en el desierto.

Yo en concreto cada día veo dos, ese y el que me imagino cuando aparco el coche creyendo que estarás esperándome en el portal con una de tus mejores sonrisas para que comamos juntos.

Subo a casa, al menos el ascensor ya está arreglado, y como con mi nueva amante, la tele. Después hago mía una de tus mayores tradiciones como es echarme la siesta en el sofá. Siempre tengo tentación de poner a Serena pero sé que no tendría sentido hacerlo solo.
Por eso, directamente prefiero dormir y al menos no pensar durante esos minutos.

Cuando despierto últimamente me da por estudiar, aunque solo un ratito, no te vayas a pensar que me estoy volviendo muy friki. Y aquí curiosamente descubro que es mentira una de las cosas que siempre había creído, porque es verdad que puedo hacer dos cosas a la vez, ya que estudio y sigo pensando en ti.

Aunque hay días que, como hoy, tu recuerdo gana al estudio y tengo que hacer una paradita y desahogar mis pensamientos en forma de escritos.

Después llega uno de los momentos quizás más contradictorios, ya que me marcho al gimnasio. Creo que tu recuerdo me va a hacer más fuerte, y lo digo en sentido totalmente literal, porque yo nunca he sido muy amigo de estos sitios pero sé que cuando estoy allí es un momento de desconexión mental, así que últimamente voy más de la cuenta.

Finalmente llego a casa relajado, y con la sensación de que poco a poco voy superando todo esto, aunque al mismo tiempo que pienso esto vuelvo a mirar el móvil esperando tener noticias tuyas. Las cuales siguen sin llegar como paso desde que abrí los ojos hace ya unas horas. Por eso, te doy las buenas noches y de nuevo los vuelvo a cerrar.

No sin antes haber hecho otra partida más por nuestro querido blog, el cual más que "Tres horas con Marta" debería pasarse a llamar "24 horas pensando en Marta".


La verdad es que releo lo que escribí hace casi un mes y se me ponen un poco los pelos de punta, también soy consciente de que estas palabras suenan a melancolía, sin embargo no despiertan en mi tristeza por haberlas sentido, sino todo lo contrario, ganas de disfrutar lo que venga y pensar como decía un amigo muy mítico que "morir solo lo hacemos un día, el resto de días hay que vivirlos".

Así que ojala podamos disfrutar mucho tiempo el uno del otro, y sino es así no quedará más remedio que echarse de menos, que en eso ya vamos teniendo algo de práctica.


P.D. Espero que no se te haya hecho demasiado tostón. Prometo decirte muchas tonterías la próxima vez que nos veamos.