Hoy me doy cuento que cada tiempo
es único con cada persona, nunca serán iguales tres horas contigo que sin ti,
ni tres horas conmigo que con cualquier otra persona.
Mis tres horas junto a ti han
discurrido entre estar atormentado e ilusionado por partes iguales. Todo ha
resultado muy intenso, desde que te ví por primera vez en ese salón de Aranda
hasta el último segundo, año y medio después, de esas tres horas en el que nos
despedimos con un “Cuídate”.
Aunque mi vida siempre quise que
fuera un cuento de hadas y príncipes, parece ser que los guiones de las
películas no están escritos para vivirse. Aún así en nuestras tres horas me
quedo con esa sensación tan arrolladora de saber que un gesto, una palabra o un
beso puede curar hasta el más horroroso de los pensamientos.
Hoy cuando nuestro tiempo parece
que se acaba sólo te puedo dar las gracias por haberme permitido vivir una
sensación que aunque me ha hecho sufrir, sobre todo me ha permitido vivir.
Supongo y ahora si que me pongo
un poco más peliculero que gracias a lo que he sentido por ti, he podido sentir
de mejor manera la brisa al correr, el viento en mi mano cuando lo sacaba a
través del coche o ese frío tan helador como vital que siente uno en invierno
cuando realmente se siente vivo.
No sé que nos deparará el
destino, ni con quién, ni cómo viviremos nuestras siguientes tres horas. Eso sí
espero que al menos nos dejen un sabor de boca tan bueno como el que me ha
dejado a mí todo este tiempo.
Cuídate pajarín. Tu sonrisa será
mi recuerdo.