¿Por qué? Pues porque me da la gana y punto. O quién no se ha despertado alguna vez triste y melancólico, depresivo y aburrido de la vida que tiene.
Seguro que más de la mitad de la gente pamplinera que parece que vive en una película de Disney a través de su Facebook ha tenido estas sensaciones o incluso peores, aunque como son unos zorretes se han callado.
Y es que la vida hay veces que simplemente es una mierda y no pasa nada.
Hay veces que dan ganas de no levantarse de la cama o momentos y días en los que uno solo quiere llorar.
Esto es parte de la vida y entra dentro de las reglas del juego.
Vivimos a través de los contrarios, sabemos que es la tristeza porque también hemos disfrutado de la alegría. Sentimos aburrimiento porque anhelamos la diversión. Sabemos quién es más feo que un pie (y eso que los míos son más que bonitos) porque también reconocemos de sobra a quién está de toma pan y moja.
Y somos conscientes de que hacemos las cosas mal porque también las hemos hecho muchas veces bien.
Es normal que vivamos estas experiencias que como hoy nos hacen tener un día o incluso una época más triste y pensativa.
Sin embargo, son épocas necesarias, que nos hacen tambalear pensamientos y cimientos que a veces no sabíamos ni que existían.
Curiosamente leí hace muchos años, y aún no se me ha olvidado a pesar de tener ya 34 castañas, que la gran mayoría de las personas más importantes del mundo nacieron o vivieron en épocas de crisis realmente duras. Crisis debidas a guerras, pobreza, catástrofes, depresiones económicas...
Y muchos de ellos explicaban que en sus momentos más difíciles era cuando sus mentes más se iluminaron, cuando sintieron con mayor energía que necesitaban cambiar cosas del mundo que estaban viviendo.
La verdad es que no nos damos cuenta pero en el día a día estamos expuestos a infinidad de alegrías y también de crisis (algunas mayores que otras) pero pocas veces nos paramos a pensar realmente si avanzamos hacia dónde queremos.
Pues bien creo que esos días tan tristes y vacíos a nivel existencial son las oportunidades que nos brinda este juego para volver a empezar. Para reencontrarnos con nosotros mismos y para darnos cuenta de que aún tenemos mucho que vivir y para saber que los 30 aún no es el final de nada sino una década maravillosa para que sea el principio de mucho.
Podría seguir diciendo miles de razones más para pensar que lo mejor está aún por llegar, pero hoy no es mi deseo que esto suene simplemente a palabras bonitas y vacías, no quiero convencer a nadie de lo maravilloso que puede ser la vida a través de fotos manipuladas.
Hoy solo quiero que sepas que todo tiene 2 partes y que aunque no lo creas, y sin que salga de aquí, con un poco de magia, una pizca de ganas y alguna que otra trampilla puedes hacer que la suerte y la sonrisa estén más veces de tu lado que todo lo contrario.