¿En qué momento
fue en el que todo se torció? ¿Cómo he llegado a estar donde estoy? ¿Por qué me
encuentro así con lo mayorcita que soy?
Son preguntas que
todos últimamente nos hemos hecho alguna vez, bien por habernos pasado el día
anterior con las cañas, bien por haber llegado a un punto que creemos crucial
(y un pelín depresivo) en nuestras vidas o bien por una mezcla de las dos
anteriores.
En días así, no
valen consuelos, de hecho no mola nada escuchar frases del tipo “Bueno cada uno
tiene que vivir su propia vida”, “No eres tan mayor como crees” o “Todavía estás
a tiempo de tener todo lo que te propongas”.
Son días para
regodearse como un marranillo en la mierda, en nuestras propias miserias. Días
en los que te sientas en el sofá a escuchar el murmullo de los grillos con cara
a lo Bridget Jones.
Probablemente no
sea tu caso, o a lo mejor sí. Lo que está claro es que la vida como ya sabes de
tantas entradas y conversaciones alargadas en el tiempo, es cuestión de
sensaciones. Algunas de ellas son para disfrutar y otras precisamente para todo
lo contrario.
Sé que no
atraviesas tu mejor momento, tienes dudas, remordimientos y echas de menos
cosas que nunca tuviste pero que sí soñaste. Eso como dices tú es parte del
peso de tu mochila y únicamente, como si de una ruta montañera se tratara, sólo
conseguirás ir perdiendo peso a medida que avances tu camino y vayas reponiendo
fuerzas con botellas de agua fría y bocadillos de jamón del bueno.
Mi intención no
es decirte que todo acabará pasando y que al final seremos felices y comeremos
perdices, aunque sí creo que es mi deber decirte como compañero de viaje que
soy, que nada es eterno y que cada día son nuevas oportunidades para crear algo
bonito.
Sé que ahora
mismo te dará un poco igual lo que te digo, pero sinceramente creo que eres una
persona que merece mucho la pena, y al menos para mí eres una persona que
necesito y quiero tener a mi lado. Independientemente de la longitud de tu pelo
o de si tienes alguna arruga de expresión.
En lo físico para
mí eres un cañón, y sé que mucha gente también lo cree y en lo psíquico sé que
tienes capacidad suficiente para tener una vida feliz.
Así que siento
decirte que mañana estaré dándote de nuevo el coñazo y así día tras día hasta
que al final simplemente lleguemos a pensar cosas tan estúpidas como que forma
tienen las nubes, qué tipo de café me tengo que pedir o que parte del cuerpo
quieres que te masajeé.
Descansa pequeño
pajarín que mañana el reloj comienza de nuevo a dar las horas.
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