sábado, 31 de agosto de 2019

CAMINAR, DETENERSE, AVANZAR.


Días solitarios que no depresivos pero sí melancólicos. Viendo a través de películas, fotos y recuerdos como se pasa la vida.

Momentos de mirarse a sí mismos sin más espejos que los ecos que resuenan en nuestras cabezas.

Quiero disfrutar viendo los días caer pero al mismo tiempo no quiero que se caigan sin haber hecho mucho ruido.

El amor nos maniata y al mismo tiempo nos da la fuerza para seguir. ¿Hacia dónde? pues nadie lo sabe hasta que camina.

Hay paseos cortos que duran un suspiro. Como esos días absurdos en los que tienes que volver a casa porque llueve a cántaros y en vez de paragüas llevas chanclas puestas, y eso que creías que iba a hacer un día maravilloso.

Hay paseos que se convierten en carreras. En los que te vistes de runner y luchas codo con codo con cada minuto del reloj, deseando a partes iguales correr un poquito más y parar ya de una vez de correr.

Otros paseos forman rutinas que dan aire fresco al día, como esas vecinas que quedan bien temprano para ir a caminar de 8 a 9 haga el tiempo que haga.

Podríamos seguir paseando y describiendo diferentes formas de caminar, y probablemente con todas ellas en algún momento determinado de nuestra vida nos viéramos reflejados.
Porque la vida son matices, es agua que fluye. Nuestra esencia nunca la perdemos pero nosotros cada día cambiamos, al igual que el mundo sigue girando y apenas lo percibimos hasta que algo sucede y nos hace ver por ejemplo que ya es verano o que ya es invierno.

Nos pasamos gran parte de nuestro tiempo luchando, a veces sin saber muy bien contra qué o contra quién. De hecho como en la mayoría de las ocasiones no lo tenemos claro acabamos luchando contra nosotros mismos.

Siempre que llego a este punto me encuentro en la mítica encrucijada de si o bien tirar por el camino del optimismo despertando de mi lucha y cogiendo cada oportunidad que me da la vida o bien tirar por la vía del pesimismo y optar por caminar hacia la depresión de que lo bueno es efímero.

Como ves mientras se escribe y se piensa en lo escrito también se sigue avanzando, parece que nada en ningún momento se puede detener.
Sin embargo, pocas veces caemos en la cuenta de apretar el botón mágico, el cual nos hace disfrutar recordando cosas, nos detiene en un momento que sabemos que nos gusta y lo saboreamos, ese botón nos hace pensar en lo que está por venir creando, porque no, castillos en el aire.

¡Ay, qué vida ésta que nadie nos enseñó a vivir porque solo cada uno de nosotros la podía descubrir!

¿Cómo serán nuestros paseos? ¿Qué caminos tomaremos en las encrucijadas que nos encontremos?


Tengan suerte con su viaje, abróchense bien los cinturones y disfruten de lo que está por venir.



miércoles, 12 de junio de 2019

DESEOS ALCANZABLES

Es bueno tener deseos alcanzables que te hagan sentir vivo, que te supongan cierta emoción por lo que está por llegar.
Yo al cabo de un año o por simplificarlo un poco más, al cabo de una semana tengo bastantes. Estos sueños es importante que no sean imposibles de alcanzar o que no sean de muy largo plazo, ya que suelen generar más frustración que disfrute.

Aunque a veces me hago el interesante, en verdad soy un chico sencillito en cuanto a deseos se refiere. Por ejemplo, a nivel básico saber que te voy a ver es un deseo que me sirve para que el resto del día sea más llevadero. Ir a jugar un partidillo con los paquetes de mi equipo también es un deseo fácil de realizar que me llena bastante.
Y ya si empezamos a hilar más fino y el deseo es un poquito más grande, suele estar relacionado con mayores dosis de alegría y emoción al cabo del día.
Aquí entrarían los famosos “planes” palabra que tantas alegrías y disgustos nos ha dado.
Saber que iremos a un festival, a un viaje o a alguna actividad divertida son deseos que me dan vida.

La verdad es que aunque sean microdeseos, me suelen surgir bastantes y de muy diversos modos, aunque como es un blog de amostad (amor + amistad) pues básicamente me centro en nosotros que supongo te resultará más interesante que no leer mis pensamientos y divagaciones en voz alta.

En fin, volvamos adonde estábamos, que no era otro lugar que el de hacer un “wander” con palabras, divagando sobre nosotros, sobre sentimientos pero sin tener un objetivo final claro a conseguir con lo que escribimos, más que el simple y hermoso placer de compartir un rato juntos a través de letras unidas.

Y es que querida Martis hoy te escribo no solo para divagar sino para decirte que te echo de menos, que ahora mismo me gustaría tocar tu piel y darte un montón de besitos.
Sin embargo, el de hoy es un “te echo de menos” que se acaba por convertir en uno de esos deseos alcanzables en los que la espera de algo bueno que está por llegar genera emoción y alegría.

Es curioso como cuando compartes una parte importante de ti con alguien, la visión del mundo se transforma. Desde el mismo momento en que amamos a alguien, la vida cambia y ya nada es igual que antes.
Un hilo caído de un colgante que en condiciones normales debería estar ya en la basura se convierte en la mejor de las pulseras.
Las ganas de recibir regalos giran 180 grados y la verdadera emoción pasa a estar en el deseo de ser tú el que los das y no el que los recibes.

Cuando un bar, un paseo o una simple caña pasan de ser cosas vulgares a convertirse en el mejor de los planes al ser compartido.

Ay querida Martis, no sé si esto es estar enamorado o son solamente tonterías, pero la verdad es que tengo que admitir que el que estés dentro de mi vida, hace precisamente que yo sea una persona diferente, no porque me cambies o no sea “yo”, sino porque como te he dicho tú provocas que vea el mundo de una manera especial.

Y eso creo que a fin de cuentas es algo que nos repercute a los dos, porque esta manera de entender el mundo hace que cada día intente pensar cómo hacer que tú te sientas especial y sobre todo feliz y tranquila con lo que tienes.

No te preocupes que no es algo que me suponga una obligación, ni es algo que me genere ansiedad pero sí es una sensación que hace que las emociones en todos los sentidos sean más intensas y provoquen que mi pelo al final del camino llegué despeinado que a fin de cuentas es de lo que trata esto que llaman vivir.



Feliz día y feliz vida.





miércoles, 15 de mayo de 2019

MARTISS, LA TÍA CAÑÓN

¿En qué momento fue en el que todo se torció? ¿Cómo he llegado a estar donde estoy? ¿Por qué me encuentro así con lo mayorcita que soy?

Son preguntas que todos últimamente nos hemos hecho alguna vez, bien por habernos pasado el día anterior con las cañas, bien por haber llegado a un punto que creemos crucial (y un pelín depresivo) en nuestras vidas o bien por una mezcla de las dos anteriores.

En días así, no valen consuelos, de hecho no mola nada escuchar frases del tipo “Bueno cada uno tiene que vivir su propia vida”, “No eres tan mayor como crees” o “Todavía estás a tiempo de tener todo lo que te propongas”.

Son días para regodearse como un marranillo en la mierda, en nuestras propias miserias. Días en los que te sientas en el sofá a escuchar el murmullo de los grillos con cara a lo Bridget Jones.

Probablemente no sea tu caso, o a lo mejor sí. Lo que está claro es que la vida como ya sabes de tantas entradas y conversaciones alargadas en el tiempo, es cuestión de sensaciones. Algunas de ellas son para disfrutar y otras precisamente para todo lo contrario.

Sé que no atraviesas tu mejor momento, tienes dudas, remordimientos y echas de menos cosas que nunca tuviste pero que sí soñaste. Eso como dices tú es parte del peso de tu mochila y únicamente, como si de una ruta montañera se tratara, sólo conseguirás ir perdiendo peso a medida que avances tu camino y vayas reponiendo fuerzas con botellas de agua fría y bocadillos de jamón del bueno.

Mi intención no es decirte que todo acabará pasando y que al final seremos felices y comeremos perdices, aunque sí creo que es mi deber decirte como compañero de viaje que soy, que nada es eterno y que cada día son nuevas oportunidades para crear algo bonito.

Sé que ahora mismo te dará un poco igual lo que te digo, pero sinceramente creo que eres una persona que merece mucho la pena, y al menos para mí eres una persona que necesito y quiero tener a mi lado. Independientemente de la longitud de tu pelo o de si tienes alguna arruga de expresión.

En lo físico para mí eres un cañón, y sé que mucha gente también lo cree y en lo psíquico sé que tienes capacidad suficiente para tener una vida feliz.

Así que siento decirte que mañana estaré dándote de nuevo el coñazo y así día tras día hasta que al final simplemente lleguemos a pensar cosas tan estúpidas como que forma tienen las nubes, qué tipo de café me tengo que pedir o que parte del cuerpo quieres que te masajeé.


Descansa pequeño pajarín que mañana el reloj comienza de nuevo a dar las horas.