¿En qué momento
fue en el que todo se torció? ¿Cómo he llegado a estar donde estoy? ¿Por qué me
encuentro así con lo mayorcita que soy?
Son preguntas que
todos últimamente nos hemos hecho alguna vez, bien por habernos pasado el día
anterior con las cañas, bien por haber llegado a un punto que creemos crucial
(y un pelín depresivo) en nuestras vidas o bien por una mezcla de las dos
anteriores.
En días así, no
valen consuelos, de hecho no mola nada escuchar frases del tipo “Bueno cada uno
tiene que vivir su propia vida”, “No eres tan mayor como crees” o “Todavía estás
a tiempo de tener todo lo que te propongas”.
Son días para
regodearse como un marranillo en la mierda, en nuestras propias miserias. Días
en los que te sientas en el sofá a escuchar el murmullo de los grillos con cara
a lo Bridget Jones.
Probablemente no
sea tu caso, o a lo mejor sí. Lo que está claro es que la vida como ya sabes de
tantas entradas y conversaciones alargadas en el tiempo, es cuestión de
sensaciones. Algunas de ellas son para disfrutar y otras precisamente para todo
lo contrario.
Sé que no
atraviesas tu mejor momento, tienes dudas, remordimientos y echas de menos
cosas que nunca tuviste pero que sí soñaste. Eso como dices tú es parte del
peso de tu mochila y únicamente, como si de una ruta montañera se tratara, sólo
conseguirás ir perdiendo peso a medida que avances tu camino y vayas reponiendo
fuerzas con botellas de agua fría y bocadillos de jamón del bueno.
Mi intención no
es decirte que todo acabará pasando y que al final seremos felices y comeremos
perdices, aunque sí creo que es mi deber decirte como compañero de viaje que
soy, que nada es eterno y que cada día son nuevas oportunidades para crear algo
bonito.
Sé que ahora
mismo te dará un poco igual lo que te digo, pero sinceramente creo que eres una
persona que merece mucho la pena, y al menos para mí eres una persona que
necesito y quiero tener a mi lado. Independientemente de la longitud de tu pelo
o de si tienes alguna arruga de expresión.
En lo físico para
mí eres un cañón, y sé que mucha gente también lo cree y en lo psíquico sé que
tienes capacidad suficiente para tener una vida feliz.
Así que siento
decirte que mañana estaré dándote de nuevo el coñazo y así día tras día hasta
que al final simplemente lleguemos a pensar cosas tan estúpidas como que forma
tienen las nubes, qué tipo de café me tengo que pedir o que parte del cuerpo
quieres que te masajeé.
Descansa pequeño
pajarín que mañana el reloj comienza de nuevo a dar las horas.
Bueno pequeña
Martis aquí comienza una nueva modalidad de entradas en el blog. Visto el éxito
que están cosechando las series de Netflix, he pensado que
es momento de renovarse o morir.
Por eso, con
todos ustedes ante vosotros la nueva serie producida por “Tres horas con Marta”,
en colaboración con Vodafone (compañía a la que agradecemos su tarifa plana de
minutos en conversaciones infinitas) y con la ONG “Críticos sin Fronteras” (organización
sin ánimo de lucro que nos ha permitido criticar a gran parte de la población,
incluidos familiares y sobre todo amigos, sin que ellos lo supieran y siempre
desde el respeto y el cariño).
Pues bien sin más
dilación les presento la serie “LUGARES REÍDOS”. Si has escuchado bien, lugares
reídos, una expresión comúnmente utilizada para referirse a aquellos lugares
compartidos con otra persona, por regla general afectivamente próxima, en los
que el punto en común sobre todo es disfrutar de ese determinado lugar
estando presente siempre el elemento de la risa, el disfrute y la sonrisa (que
es algo parecido a la risa, pero más gestual y menos sonoro. Es como un estado
más continuo de alegría, aunque no tan estrepitoso como la risa)
En fin que me lío. Una vez aclarados los conceptos, les presento el formato de esta serie, la cual
contará con varios capítulos, aún por determinar según el éxito de los
primeros, en los que se irá haciendo un repaso de lugares compartidos por los
protagonistas del blog, contándose de cada lugar un recuerdo, una imagen y
sobre todo algo gracioso asociado a dicho pueblo o ciudad.
Por tanto, y
sabiendo que puede que los lectores se encuentren en procesos emocionales
delicados o premenstruales, no se pretende que estos capítulos sean tomados
desde la melancolía sino simplemente desde el recuerdo de algo divertido que es
mejor mantener vivo en nuestra memoria, ya que bastantes penas hay ya en el
mundo.
PRIMER CAPÍTULO
Todo inicio comienza
en algún lugar
La verdad es que
he conocido sitios increíbles y bellísimos en el mundo. Sin embargo, la vida no
es perfecta y esta historia comienza en un lugar un tanto gris, Aranda de
Duero.
De este lugar, me
podría quedar con muchos recuerdos aunque el primero y muy a mi pesar, sé que debe de ser mi cara de gafulis entrando rápido en la casa de Isra para
que nadie me viera entrar con mi mochilita como un ratoncillo de biblioteca. Y
al mismo tiempo, cabecitas femeninas, como la de la mítica Martis, asomándose a
ver quien era el maromazo que acababa de entrar.
De esta noche,
muy marcada en mi memoria, también me voy a quedar con un recuerdo que me ha
venido a la cabeza según pensaba en historietas y frikadas, como es el momento
en el que nos ponemos a jugar en el salón a un friki juego tipo “Beso, verdad o
atrevimiento” en el que cada uno ponía en un papel pruebas que los demás debían
hacer o superar. Sobre todo me acuerdo de la cara de emoción de Miriam y la
Moñoñis que parecían dos quinceañeras de lo nerviosas que estaban.
Finalmente como
soy un puto romántico no podía dejar pasar el día de tu cumpleaños y la cara de
ojitos saltones y boca semiabierta que se te iba quedando según te daban los
regalos de tu cumple los dueños de los bares. Con el tiempo he aprendido a
descifrar entre líneas que muchos de esos caretos eran una mezcla entre “Oh my
God”y “este fitipaldi de dónde coño ha salido”
La siguiente
parada en este primer capítulo no está muy alejada de la primera, ya que el
lugar elegido es, El Burgo de Osma, poblado en el que la imagen que primero se
me viene a la cabeza es la de nuestra querida Martis siendo bautizada en la
fuente del pueblo por los personajes de la peña de Anita. Por cierto, corrígeme
si me equivoco pero yo juraría que hasta te tuvieron que dejar una sudadera
para taparte el culete porque se te transparentaba el tanguilla.
En ese mismo
sitio, también no puedo olvidar, las risas que nos pasamos en la peña “poligonera”
de Anita, en la que en un momento dado a las afueras de la misma se medio
empezaron a pegar dos chavalines y aquí un servidor como una ardillita escondida
decía frases tipo “Si no se van a pegar”
o “Si me hace a mí eso…”
Podríamos seguir
mencionando más anecdotillas pero para no extenderme mucho acabaré con este
lugar en la casa de las muñecas, vivienda en la que creo que se rodó la saga de
las pelis de Chucky. Y lugar en el que tu amiga Raquel, alías la “pececillo” se
mimetizaba con las caras de esas “adorables” muñequitas.
Como sé que están
siendo emociones fuertes para el primer capítulo terminaré con nuestro viaje a
Nigrán (Pontevedra), más en concreto con Portamérica, nuestro primer festival
indie-friki.
En este precioso
paraje lo primero que recuerdo es una agresión física provocada por “la Moñoñis”
contra “la Pececillo”, saliendo incluso herido “el Hierbas”. En ese momento vi
peligrar seriamente la continuidad del grupo pero finalmente todo se solucionó
pillando la Moñoñis con otro personaje, así quedó todo el mundo contento.
En ese mismo
viaje aunque no en el mismo lugar, también recuerdo nuestra escapada a las
Islas Cíes, y sobre todo esa lectura de mano, en la que tú con tu cara de chica
agradable e interesadísima en la conversación escuchabas como el mago Carlis te
leía la mano, y sino recuerdo mal te decía que tendrías dos criaturas no
tardando mucho. (oye quién sabe las profecías llevan su tiempo).
Finalmente no
podía dejar pasar este lugar sin recordar un momento no sé si escabroso,
erótico-festivo o divertido, que no fue otro que nuestra primera noche “durmiendo”
juntos en la que experimentaste las caricosquillas más largas del mundo. Mis
dedos después de horas se acabaron convirtiendo en “dedillos”,jajaja.
Y creo que por
hoy ya es suficiente, me conformo con que hayas disfrutado el capítulo al menos
la décima parte de lo que disfruto yo viviendo todas estas experiencias contigo.
Bruce Lee dijo la
célebre frase “Be water, my friend”. Heráclito (filósofo griego) nos dejó como
una de sus enseñanzas que al igual que el agua de un río, “todo fluye, todo
está en movimiento”.
El poeta Jorge
Manrique escribió “La vida son los ríos que van a dar a la mar”.
Como ves muchos
han sido los momentos a lo largo de la historia en los que hemos relacionado
nuestra vida con el agua. Ya sea por su correr continuoo por su similitud con las etapas de nuestra
vida.
Tomando todas
estas frases frikis como punto de partida, hoy me apetece reflexionar sobre un
pasaje que he leído en uno de mis libros de ratoncillo de universidad.
En él se
describía como los impresionistas (pintores franceses de finales del S.XIX)
pintaban cuadros al aire libre supuestamente sobre lo que veían. A simple
vista, esos cuadros parecen idílicos; en ellos se ve la luz radiante del sol,
el reflejo en el agua transparente e incluso se percibe una alegría vanal en la
atmósfera, como si no hubiera más preocupación que la de simplemente disfrutar
de ese momento.
Eso era al menos
lo que siempre había pensado yo sobre los impresionistas, pero cuál ha sido mi
sorpresa al ver que realmente todo era una fachada, una mentira inventada que
ocultaba la cruda realidad.
Y es que resulta
que esos cuadros espontáneos eran retocados posteriormente para dejarlo todo
pintado de una manera ideal. Pero es que no conforme con eso, realmente no
estaban pintando lo que veían, ya que el río estaba sucio, el cielo contaminado
por el humo de las fábricas, y las ratas y el hambre caminaban a sus anchas
detrás de esa apariencia edénica de los cuadros impresionistas. (*edénica,
relativa al Edén, al Paraíso)
Todo esto no
difiere mucho de lo que ocurre más de cien años después de pintarse estos
cuadros. Y es que nuestras sonrisas, nuestras comodidades y la imagen de
nuestras redes sociales no hace otra cosa que ser la cara amable de las
miserias que cada uno de nosotros vive en un silencio solitario.
Al igual que los
impresionistas damos la sensación de estar en un constante estado de optimismo
y alegría a ojos del que nos pregunta, del que nos mira en las redes.
O quién ante la
pregunta de qué tal te va la vida, no ha contestado por no dar más
explicaciones “Bien, bastante bien” todo ello aderezado con una amplia sonrisa.
Y es que hemos interiorizado como algo normal el hecho de exteriorizar estados
positivos y ocultar los negativos.
Supongo que si
con esta reflexión diera por acabada esta entrada, la sensación que te quedaría
sería triste y melancólica. Sin embargo, de nuevo no es más que un juego, una
tapadera que utilizo para hacer ver otra realidad que me ha llamado la atención
en torno a esta relación con el agua.
Y es que por muy
contaminado que esté un río, el agua no dejará de fluir y con ella también lo
hará la mierda que ese río lleve. Nada es eternamente negativo, ni somos
eternamente buenos o malos.
Nuestra vida al
igual que los ríos está en continuo movimiento.
Ante este hecho
pienso que nos quedan tres opciones; la primera es estancarse, asumir que
nuestro río es una mierda y que no hay más salida que la de contemplar toda esa
basura que hemos acumulado. La segunda es la de evadirse como lo hacían los
impresionistas pensando en un mundo ideal que nos hicierailusamente felices.
Y la tercera sería
una opción realista, afrontando los diferentes momentos que tiene el río,
siendo consciente de la contaminación que lleva y al mismo tiempo de la
continua posibilidad de que el agua y el tiempo limpien toda esa suciedad.
P.D. Yo como no soy
una persona ni de aire, ni de agua, no tengo este problema porque yo soy más de
tierra y como el avestruz ante los problemas con meter mi cabecita debajo de la
tierra me vale. ;-)