Bruce Lee dijo la
célebre frase “Be water, my friend”. Heráclito (filósofo griego) nos dejó como
una de sus enseñanzas que al igual que el agua de un río, “todo fluye, todo
está en movimiento”.
El poeta Jorge
Manrique escribió “La vida son los ríos que van a dar a la mar”.
Como ves muchos
han sido los momentos a lo largo de la historia en los que hemos relacionado
nuestra vida con el agua. Ya sea por su correr continuo o por su similitud con las etapas de nuestra
vida.
Tomando todas
estas frases frikis como punto de partida, hoy me apetece reflexionar sobre un
pasaje que he leído en uno de mis libros de ratoncillo de universidad.
En él se
describía como los impresionistas (pintores franceses de finales del S.XIX)
pintaban cuadros al aire libre supuestamente sobre lo que veían. A simple
vista, esos cuadros parecen idílicos; en ellos se ve la luz radiante del sol,
el reflejo en el agua transparente e incluso se percibe una alegría vanal en la
atmósfera, como si no hubiera más preocupación que la de simplemente disfrutar
de ese momento.
Eso era al menos
lo que siempre había pensado yo sobre los impresionistas, pero cuál ha sido mi
sorpresa al ver que realmente todo era una fachada, una mentira inventada que
ocultaba la cruda realidad.
Y es que resulta
que esos cuadros espontáneos eran retocados posteriormente para dejarlo todo
pintado de una manera ideal. Pero es que no conforme con eso, realmente no
estaban pintando lo que veían, ya que el río estaba sucio, el cielo contaminado
por el humo de las fábricas, y las ratas y el hambre caminaban a sus anchas
detrás de esa apariencia edénica de los cuadros impresionistas. (*edénica,
relativa al Edén, al Paraíso)
Todo esto no
difiere mucho de lo que ocurre más de cien años después de pintarse estos
cuadros. Y es que nuestras sonrisas, nuestras comodidades y la imagen de
nuestras redes sociales no hace otra cosa que ser la cara amable de las
miserias que cada uno de nosotros vive en un silencio solitario.
Al igual que los
impresionistas damos la sensación de estar en un constante estado de optimismo
y alegría a ojos del que nos pregunta, del que nos mira en las redes.
O quién ante la
pregunta de qué tal te va la vida, no ha contestado por no dar más
explicaciones “Bien, bastante bien” todo ello aderezado con una amplia sonrisa.
Y es que hemos interiorizado como algo normal el hecho de exteriorizar estados
positivos y ocultar los negativos.
Supongo que si
con esta reflexión diera por acabada esta entrada, la sensación que te quedaría
sería triste y melancólica. Sin embargo, de nuevo no es más que un juego, una
tapadera que utilizo para hacer ver otra realidad que me ha llamado la atención
en torno a esta relación con el agua.
Y es que por muy
contaminado que esté un río, el agua no dejará de fluir y con ella también lo
hará la mierda que ese río lleve. Nada es eternamente negativo, ni somos
eternamente buenos o malos.
Nuestra vida al
igual que los ríos está en continuo movimiento.
Ante este hecho
pienso que nos quedan tres opciones; la primera es estancarse, asumir que
nuestro río es una mierda y que no hay más salida que la de contemplar toda esa
basura que hemos acumulado. La segunda es la de evadirse como lo hacían los
impresionistas pensando en un mundo ideal que nos hiciera ilusamente felices.
Y la tercera sería
una opción realista, afrontando los diferentes momentos que tiene el río,
siendo consciente de la contaminación que lleva y al mismo tiempo de la
continua posibilidad de que el agua y el tiempo limpien toda esa suciedad.
P.D. Yo como no soy
una persona ni de aire, ni de agua, no tengo este problema porque yo soy más de
tierra y como el avestruz ante los problemas con meter mi cabecita debajo de la
tierra me vale. ;-)