sábado, 23 de febrero de 2019

I FEEL LIKE A ROLLERCOASTER

Soy un chaval normalito, alegre, de 7,5 en guapura, amigo de sus amigos, sociable, un poco ratoncillo y bueno creo que pararé porque se me va la lengua.

Yo solo quería una vida tradicional disfrazada de modernidad. Es decir, tener todo el pack completo; casa, mujer e hijos pero sin dejar de vivir. Viajando, saliendo, disfrutando de mi pareja y de las cosas buenas que me he ganado gracias a un trabajo para toda la vida.

Sinceramente pensaba viendo los personajes que hay por el mundo que ya tienen esta vida, que no me resultaría tan difícil y que seguro que más tarde o más temprano acabaría sucediendo.

Pero ¡¡ay, queridos amigos!! La vida no se rige por reglas tan simples como esa mierda que siempre nos han vendido del “querer es poder”, “el que desea realmente algo acaba por conseguirlo” y demás frases socorridas.

Lo que te sucede se debe a una serie de circunstancias en las que tú continuamente decides y como si fuera un videojuego vas acertando o cometiendo errores según las decisiones que tomes.

Evidentemente si tu objetivo fundamental era tener el pack completo en una edad y fecha determinada pues probablemente, como es mi caso, hayas tenido que cometer más de un error o simplemente seas un poco especialit@.

Otra cosa es que por el camino hayas seguido viviendo, disfrutando y derrapando en cada una de tus aventuras. Entonces tampoco tendrás porque sentirte mal, sino más bien todo lo contrario, creyéndote la mítica frase  de “que me quiten lo bailao”, como es mi caso.

La verdad es que estos días mi escritura según leas un párrafo u otro puede ser un poco contradictoria, pero bueno supongo que es normal cuando te encuentras en una montaña rusa de emociones. (para que esto parezca más serio lo diré como lo dicen los americanos “I feel like a rollercoaster”. Cosa que te quedará muy “cool” en tu próximo “speaking”)

Y es que querida Martis cada vez me doy más cuenta de que no somos seres racionales, sino más bien seres emocionales. No queremos pensar, aunque sepamos que si hiciéramos caso a nuestros pensamientos las cosas se solucionarían.
Somos seres que pensamos con eso que llaman corazón, que normalmente se opone a toda lógica.

Tú y yo somos ejemplos de libro, probablemente nuestra foto aparezca en la definición de seres emocionales (sinónimo; personajes que la lían por dejarse llevar por lo que sienten). Y es que tú cuando tienes que tomar el camino más lógico en este mundo parejil, siempre la acabas líando. Y yo cuando me tengo que apartar del camino, siempre acabo sucumbiendo a una fuerza que es como un imán para mí que me hace volver al punto de partida.


Sinceramente creo que tanta emocionalidad y tanto amor acaba haciendo daño, como es el caso en el que nos encontramos. Aunque realmente tengo que reconocer que lo más maravilloso, adrenalítico y genial del mundo es sentirse aunque sea por unos minutos un ser enamorado.
Se podrían describir con miles de adjetivos los momentos en los que estamos quebrados por dentro pero sería imposible hacer ver a alguien que no ha estado nunca feliz o enamorado (palabras que en muchas ocasiones son sinónimas), qué es la felicidad o qué sientes cuando amas a alguien.

Y es que yo sé porque, a pesar de lo ocurrido, he querido confiar en creer que lo nuestro sería posible. La complicidad de ciertos momentos, ya sean llamadas, encierros juntos en mi habitación o risas perdidas en el tiempo a ritmo de gintonic,  ha hecho que fuera muchísimo más fácil quererte que odiarte.

Por eso, sé que tendré que seguir viviendo sea cual sea mi próxima aventura, pero eso no supondrá que piense que hasta ahora he perdido el tiempo o que tenga que replantearme de manera existencial qué estoy haciendo con mi vida.

Ya que pequeño pajarín lo que continuamente hacemos con nuestra vida, es lo que consideramos que nos hace estar más plenos, sea cual sea nuestra decisión.






miércoles, 23 de enero de 2019

¿QUIÉN NOS CONOCE MÁS DE LO QUE TÚ TE CREES?

“Te conozco mejor de lo que tú te crees”, curiosa afirmación que da seguridad a la persona que la dice y genera en la persona que la escucha una especie de complicidad posesiva que ninguno de los dos sabe hasta que punto es real.

Bien, todos alguna vez en nuestra vida hemos dicho y escuchado este tipo de frases.
Gran parte de las veces suelen llevar bastante verdad, aunque realmente nunca son ciertas.

¿Por qué afirmo esto? porque ni nosotros mismos somos muy conscientes de cómo somos y sobre todo cómo actuamos ante situaciones inesperadas.
Que alguien es cariñoso si da muchos besos o que es tranquilo si nunca se altera es capaz de verlo hasta un ciego.

Sin embargo, quién es capaz de predecir las reacciones y los comportamientos que otra persona va a tener, en cierto modo es una especie de lotería con más o menos números.

Al punto al que quiero llegar es que los avatares de la vida, lo que vamos experimentando desde pequeñitos y lo que vivimos cuando somos algo más mayores va definiendo junto con nuestra personalidad intrínseca (ojito con la palabrita) cómo actuamos. Pero hay algo maravillosamente impredecible que hace que muchas veces hasta nosotros mismos nos sorprendamos de nuestras acciones.

En este momento lo más sencillo sería pensar que todo esto lo digo por lo que hemos vivido últimamente con la intención de darte un mensaje velado entre reflexiones un tanto filosóficas.
Aunque si te soy sincero mi intención es ir más allá, es reflexionar si realmente estamos predestinados para ser de una determinada manera o si por el contrario nuestra forma de actuar es voluble y varía según los acontecimientos que vivimos.

Si pensamos en la primera opción, no hay mucho de que preocuparnos, ya que tanto si somos buenos, malos, generosos o egoístas esa característica no va a cambiar por mucho que lo intentemos ya que estamos marcados de nacimiento. Así que en ese caso, solo quedaría encogerse de hombros y rezar porque hubiéramos tenido suerte en lo que nos hubiera tocado. Por ejemplo, en mi caso ser guapo, inteligente, amable, amigo de sus amigos y todas esas mierdas que tú ya sabes.

Si escogemos la segunda opción, lo único que podemos hacer es sumar experiencias y aprender de ellas. Es decir, saber que constantemente hasta el día que nos muramos nos estarán pasando cosas que nos obligarán a actuar de una manera u otra. Aquí es donde una y otra vez tendremos la oportunidad de seguir cometiendo errores o de pensar que quizás ante situaciones similares podemos generar nuevas conductas.


Sinceramente me leo a mí mismo y lo más fácil es pensar que somos personas híbridas, es decir que hay parte que se debe a nuestra herencia genética y que otra parte es vivencial.
Si realmente esto último es verdad volvemos al mismo punto de partida, o sea que los genes no hay manera de cambiarlos por muy deformes que estén y sin embargo lo vivencial vuelve a estar en nuestra mano transformarlo.

Así que como si esto fuera un descubrimiento guíado creo que la solución es que miremos hacia delante con nuestros fallos y aciertos y sigamos creyendo en el fabuloso misterio de lo que está por llegar ante lo cual, ¿quién sabe cómo actuaremos?


Únicamente lo sabremos una vez que lo hayamos recapacitado, vivido y al mismo tiempo disfrutado.



P.D. Esta es la primera entrada que tiene dos videoclips, a gusto del consumidor. La primera canción realmente creo que pega más para lo que he escrito. Aunque la segunda canción es muy golosa porque tampoco está mal y además la prota es Ryanna que en este caso haría el papel de Martis pensando dentro de la bañera en uno de esos baños reflexivos que tanto te gustan.






domingo, 6 de enero de 2019

QUERIDOS REYES MAGOS

Queridos Reyes Magos:

A lo largo de estos cortos e intensos años os he ido pidiendo miles de cosas, muchas me las habéis traído, otras sin embargo se han quedado por el camino. Pero bueno no soy rencorosa, sé que si me hubierais traído todo lo que os he pedido probablemente algún niño se hubiera quedado sin regalo.

Al principio recuerdo que os pedía cosas materiales, sobre todo de color rosa, creo que conmigo lo teníais fácil ya que era muy princesita, lo que no significaba que si tocaba llenarse de barro o jugar con la pelota lo hiciera. Aunque si os soy sincera siempre he preferido estar más bien mona.

Con el paso de los años os iba pidiendo cosas más de adolescentes, como tener más dinero o más tiempo para estar de fiesta. Eran tiempos muy movidos, de grandes expectativas pero de pocos recursos.
Por eso, muchas veces tenía que buscar “mis regalos” en el armario de mi hermana, a pesar de que eso significara una buena bronca.

Poco a poco, aunque mi cara no cambiaba mucho, me fui haciendo toda una mujercita y aquellas historias que interpretaba con mis muñecas las empezaba a vivir en la realidad.
La princesita del cuento ya tenía cuerpo de reina, y empezaba a conocer chicos y a fantasear con la idea de tener todo el kit básico con el que desde pequeñitas nos enseñan de manera invisible a soñar. Es decir, casa, trabajo, marido e hijos.

La verdad es que ahora que lo pienso en esos años debí ser muy buena porque prácticamente me fuisteis trayendo todo lo que os pedí, incluso parecía que el kit básico estaba cerca de conseguirse.

Sin embargo, es curioso pero en estos años también me trajisteis cosas que no pedí y que a la larga marcarían toda una vida.
En esos años veinteañeros me regalasteis las ganas de viajar, de conocer gente, de realizarme por mí misma y sobre todo me trajisteis en un envoltorio maravilloso la necesidad de no conformarme, de buscar mi propia felicidad por encima de todas las cosas.

Sinceramente no fueron regalos fáciles de usar, creo que os debisteis confundir con tanto regalo y en los míos se os olvidó dejarme el libro de instrucciones para saber utilizarlos.

Por eso, estos años fueron felices pero al mismo tiempo un poco tormentosos.

Siguieron pasando los años y con tanto ajetreo me olvidé de escribiros la carta, mis años pasaban sin apenas darme cuenta de hacía donde iba y claro, así era imposible concentrarse bien en pediros lo que realmente necesitaba.

Pero bueno esto es parte del efecto de la Navidad, el descubrir regalos que no sabes lo que esconden, sorpresas que te aceleran el corazón por no esperártelas.
Y es que queridos Reyes Magos he descubierto que la vida sería muy aburrida si siempre nos trajerais todo lo que pedimos, al final seguro que nada nos sorprendería y no acabaríamos siendo felices porque no le daríamos valor a lo que tuviéramos.

Así que hoy día 6 de enero de 2019 y después de treintantos años hablando con vosotros, simplemente os doy las gracias por estar donde estoy.
Por saber que cuento con gente que me quiere, que se alegra de mis triunfos aunque sean pequeñitos y que me disfruta tal y como soy, a pesar de que como todo el mundo cometa algún que otro error.

Como sé que hoy estaréis de resaca, creo que será buen momento para ir terminando, prometiéndoos que haré todo lo que esté en mi mano para disfrutar de la vida que es el regalo más bonito que me habéis hecho nunca.


Os quiero mucho, Marta.

(la niña palentina, de cara fina, carácter peculiar y sonrisa espectacular)