viernes, 8 de julio de 2016

Y AL FIN SE ENCENDIÓ LA BOMBILLA

¡Clinnn! ¡Chasss! ¡Ouyeaaaa! no sé que sonido poner a esos momentos inesperados en los que te das cuenta de algo que hasta entonces habías pasado por alto o no habías entendido.

Estaba yo recogiendo la ropa del tendedero y mi cabeza estaba mientras tanto a su rollo atontada con sus movidas, como esos adolescentes que están en su mundo con los cascos puestos.

Cuando de repente mi mente por sí sola encontró la respuesta a la pregunta que me había hecho varias veces en los últimos meses. La pregunta era sencilla, ¿por qué me empeñaba en estar contigo?, a pesar de ciertas cosas que siempre he tenido en mi contra, como tu anterior pareja, tus inseguridades o el sentir que nunca me podrías querer como yo lo hacía. 
Sinceramente muchas veces me he preguntado si merecía la pena seguir alargando algo que quizás en algunos momentos estaba siendo dañino para los dos.

Sin embargo, a veces la vida tiene esos destellos que te tambalean, no sé muy bien si son producidos por alguien que juega con nuestros destinos o son solo chispazos que hacen tan interesante esto de vivir un día sí y otro también. 
En mi caso, la bombilla se iluminó y contestó a esa pregunta de manera clara, casi tanto como la ropa que acababa de lavar.

Me di cuenta que lo que me ata a ti son las ganas que tengo de hacerte feliz. Y la verdad, es que es maravilloso los momentos en que se siente eso hacia otra persona.

O sino porque de repente me va a interesar la moda femenina, o porque me va a apetecer saber cosas sobre cómo dirigir un colegio o porque disfruto de los progresos de una niña llamada Carla como si fueran los de mi sobrino, si solo la he visto una vez en mi vida.

El interesarme por estas cosas y muchas más no es forzado, ni con la intención de agradarte sino que precisamente por lo que te acabo de decir, es algo que me sale de manera natural.

Con esto no quiero que pienses en las pijadas esas que se suelen decir, "si tú eres feliz, yo soy feliz" o "cari, me vale con qué tú estés bien". Lo que te digo es que me apetece ser feliz a tu lado, y que en ese proceso es normal que cada uno tengamos nuestras prioridades, pero que al menos en mi caso, me encanta sentir que me interesan las cosas que a ti te pasan.


También en esta iluminación momentánea que he tenido, que más bien por mi forma de escribir parece que es igual a esos rayos divinos que se colaban entre las nubes cuando estábamos tumbados al lado de nuestro querido árbol, me he dado cuenta de que he cometido errores en forma de agobios hacia ti, pequeñas discusiones que he generado o incluso malos momentos que se han creado por no entender bien qué estaba pasando.

Hoy con la ropa ya recogida, me doy cuenta de que somos diferentes, de que tenemos personalidades distintas y sé que el camino que nos queda juntos será tan corto o tan largo como la capacidad que tengamos de ser y hacernos felices el uno al otro.







P.D. Después de la parrafada que te he echado, ya podemos seguir disfrutando tranquilos del veranín.

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