“Te conozco mejor
de lo que tú te crees”, curiosa afirmación que da seguridad a la persona que la
dice y genera en la persona que la escucha una especie de complicidad posesiva
que ninguno de los dos sabe hasta que punto es real.
Bien, todos
alguna vez en nuestra vida hemos dicho y escuchado este tipo de frases.
Gran parte de las
veces suelen llevar bastante verdad, aunque realmente nunca son ciertas.
¿Por qué afirmo
esto? porque ni nosotros mismos somos muy conscientes de cómo somos y sobre
todo cómo actuamos ante situaciones inesperadas.
Que alguien es
cariñoso si da muchos besos o que es tranquilo si nunca se altera es capaz de
verlo hasta un ciego.
Sin embargo,
quién es capaz de predecir las reacciones y los comportamientos que otra
persona va a tener, en cierto modo es una especie de lotería con más o menos números.
Al punto al que
quiero llegar es que los avatares de la vida, lo que vamos experimentando desde
pequeñitos y lo que vivimos cuando somos algo más mayores va definiendo junto
con nuestra personalidad intrínseca (ojito con la palabrita) cómo actuamos.
Pero hay algo maravillosamente impredecible que hace que muchas veces hasta
nosotros mismos nos sorprendamos de nuestras acciones.
En este momento
lo más sencillo sería pensar que todo esto lo digo por lo que hemos vivido
últimamente con la intención de darte un mensaje velado entre reflexiones un
tanto filosóficas.
Aunque si te soy
sincero mi intención es ir más allá, es reflexionar si realmente estamos
predestinados para ser de una determinada manera o si por el contrario nuestra
forma de actuar es voluble y varía según los acontecimientos que vivimos.
Si pensamos en la
primera opción, no hay mucho de que preocuparnos, ya que tanto si somos buenos,
malos, generosos o egoístas esa característica no va a cambiar por mucho que lo
intentemos ya que estamos marcados de nacimiento. Así que en ese caso, solo
quedaría encogerse de hombros y rezar porque hubiéramos tenido suerte en lo que
nos hubiera tocado. Por ejemplo, en mi caso ser guapo, inteligente, amable,
amigo de sus amigos y todas esas mierdas que tú ya sabes.
Si escogemos la
segunda opción, lo único que podemos hacer es sumar experiencias y aprender de
ellas. Es decir, saber que constantemente hasta el día que nos muramos nos
estarán pasando cosas que nos obligarán a actuar de una manera u otra. Aquí es
donde una y otra vez tendremos la oportunidad de seguir cometiendo errores o de
pensar que quizás ante situaciones similares podemos generar nuevas conductas.
Sinceramente me
leo a mí mismo y lo más fácil es pensar que somos personas híbridas, es decir
que hay parte que se debe a nuestra herencia genética y que otra parte es
vivencial.
Si realmente esto
último es verdad volvemos al mismo punto de partida, o sea que los genes no hay
manera de cambiarlos por muy deformes que estén y sin embargo lo vivencial
vuelve a estar en nuestra mano transformarlo.
Así que como si
esto fuera un descubrimiento guíado creo que la solución es que miremos hacia
delante con nuestros fallos y aciertos y sigamos creyendo en el fabuloso
misterio de lo que está por llegar ante lo cual, ¿quién sabe cómo actuaremos?
Únicamente lo
sabremos una vez que lo hayamos recapacitado, vivido y al mismo tiempo
disfrutado.
P.D. Esta es la primera entrada que tiene dos videoclips, a gusto del consumidor. La primera canción realmente creo que pega más para lo que he escrito. Aunque la segunda canción es muy golosa porque tampoco está mal y además la prota es Ryanna que en este caso haría el papel de Martis pensando dentro de la bañera en uno de esos baños reflexivos que tanto te gustan.