Queridos Reyes Magos:
A lo largo de
estos cortos e intensos años os he ido pidiendo miles de cosas, muchas me las
habéis traído, otras sin embargo se han quedado por el camino. Pero bueno no
soy rencorosa, sé que si me hubierais traído todo lo que os he pedido
probablemente algún niño se hubiera quedado sin regalo.
Al principio
recuerdo que os pedía cosas materiales, sobre todo de color rosa, creo que
conmigo lo teníais fácil ya que era muy princesita, lo que no significaba que
si tocaba llenarse de barro o jugar con la pelota lo hiciera. Aunque si os soy
sincera siempre he preferido estar más bien mona.
Con el paso de
los años os iba pidiendo cosas más de adolescentes, como tener más dinero o más
tiempo para estar de fiesta. Eran tiempos muy movidos, de grandes expectativas
pero de pocos recursos.
Por eso, muchas
veces tenía que buscar “mis regalos” en el armario de mi hermana, a pesar de
que eso significara una buena bronca.
Poco a poco,
aunque mi cara no cambiaba mucho, me fui haciendo toda una mujercita y aquellas
historias que interpretaba con mis muñecas las empezaba a vivir en la realidad.
La princesita del
cuento ya tenía cuerpo de reina, y empezaba a conocer chicos y a fantasear con
la idea de tener todo el kit básico con el que desde pequeñitas nos enseñan de
manera invisible a soñar. Es decir, casa, trabajo, marido e hijos.
La verdad es que
ahora que lo pienso en esos años debí ser muy buena porque prácticamente me
fuisteis trayendo todo lo que os pedí, incluso parecía que el kit básico estaba
cerca de conseguirse.
Sin embargo, es
curioso pero en estos años también me trajisteis cosas que no pedí y que a la
larga marcarían toda una vida.
En esos años
veinteañeros me regalasteis las ganas de viajar, de conocer gente, de
realizarme por mí misma y sobre todo me trajisteis en un envoltorio maravilloso
la necesidad de no conformarme, de buscar mi propia felicidad por encima de
todas las cosas.
Sinceramente no
fueron regalos fáciles de usar, creo que os debisteis confundir con tanto
regalo y en los míos se os olvidó dejarme el libro de instrucciones para saber
utilizarlos.
Por eso, estos
años fueron felices pero al mismo tiempo un poco tormentosos.
Siguieron pasando
los años y con tanto ajetreo me olvidé de escribiros la carta, mis años pasaban
sin apenas darme cuenta de hacía donde iba y claro, así era imposible
concentrarse bien en pediros lo que realmente necesitaba.
Pero bueno esto
es parte del efecto de la Navidad, el descubrir regalos que no sabes lo que esconden,
sorpresas que te aceleran el corazón por no esperártelas.
Y es que queridos
Reyes Magos he descubierto que la vida sería muy aburrida si siempre nos
trajerais todo lo que pedimos, al final seguro que nada nos sorprendería y no
acabaríamos siendo felices porque no le daríamos valor a lo que tuviéramos.
Así que hoy día 6
de enero de 2019 y después de treintantos años hablando con vosotros,
simplemente os doy las gracias por estar donde estoy.
Por saber que
cuento con gente que me quiere, que se alegra de mis triunfos aunque sean
pequeñitos y que me disfruta tal y como soy, a pesar de que como todo el mundo
cometa algún que otro error.
Como sé que hoy
estaréis de resaca, creo que será buen momento para ir terminando, prometiéndoos
que haré todo lo que esté en mi mano para disfrutar de la vida que es el regalo
más bonito que me habéis hecho nunca.
Os quiero mucho,
Marta.
(la niña
palentina, de cara fina, carácter peculiar y sonrisa espectacular)